«Thank God it’s Christmas»…Queen
Diciembre suele traer una intensidad particular. No solo por lo que se celebra, sino por lo que se espera: disponibilidad emocional, presencia sostenida, una manera reconocible de estar bien. En la experiencia migrante, esa expectativa suele entrar en fricción con tiempos internos que no avanzan al ritmo del calendario. No todo se acomoda cuando el año termina, aunque el entorno actúe como si así fuera.
Por eso estas fechas pueden remover incluso cuando la vida está armada, cuando hay proyectos, rutinas o cierta estabilidad. No es necesariamente señal de conflicto, sino de la convivencia entre distintos tiempos: el tiempo social, que avanza con su lógica externa, y el tiempo subjetivo, que sigue elaborando experiencias, pérdidas y transformaciones.
A fin de año, el contexto empuja a mirarse desde afuera. Compararse, medirse, preguntarse si se llegó a donde se esperaba. Sin embargo, muchos recorridos migratorios no son lineales ni fácilmente narrables. Están hechos de idas y vueltas, de decisiones que se reacomodan, de cambios que todavía no tienen una forma definitiva. Pretender ordenarlos de manera inmediata suele generar más exigencia que alivio.
En estos movimientos, lo que se siente no suele presentarse de manera clara ni coherente. Las emociones aparecen mezcladas: alivio y cansancio, gratitud y enojo, ganas de celebrar y necesidad de distancia. Esta convivencia emocional no es un error ni una falla del proceso, sino una parte esperable de la experiencia migratoria.
Dar lugar a lo que emerge —sin exigirle definición inmediata ni jerarquizar emociones— también es una manera de transitar el cambio, no como detención, sino como integración de lo vivido.
Algunas orientaciones para transitar estas fechas
Atravesar las navidades en un proceso migratorio no depende solo de lo que se siente, sino también de cómo se gestionan los tiempos, los vínculos y las expectativas. Algunas claves pueden ayudarte a habitar este período con mayor cuidado:
1. Ajustar el nivel de exigencia emocional: No siempre es posible —ni necesario— estar disponible para todo ni sentir de la manera esperada. Reducir compromisos, elegir a qué encuentros asistir y a cuáles no, también forma parte del cuidado. No participar de todo no implica rechazo, sino reconocimiento de los propios límites.
2. Diferenciar presencia de sostén: Estar acompañada/o no siempre equivale a sentirse sostenida/o. Priorizar vínculos donde sea posible mostrarse sin explicación constante suele resultar más reparador que sostener presencias forzadas o escenas que agotan.
3. Crear rituales propios y actuales: Cuando los rituales tradicionales ya no están o dejaron de sentirse propios, inventar gestos nuevos puede ayudar a darle sentido al momento. No como reemplazo de lo perdido, sino como una forma de inscribir algo propio en la experiencia presente.
4. Regular el vínculo con el lugar de origen: El contacto con quienes quedaron lejos puede ser un sostén, pero también una fuente de sobrecarga emocional. Elegir cuándo, cómo y cuánto comunicarse permite cuidar el vínculo sin desbordarse, sosteniendo una distancia que no sea vivida como ruptura.
5. Reconocer la ambivalencia como parte del proceso: Sentir cosas distintas al mismo tiempo no es contradictorio. Es una expresión de que el proceso sigue en movimiento. No forzar una emoción “correcta” suele aliviar más que intentar ordenar lo que todavía se está elaborando.
El año puede avanzar en línea recta. Los procesos migratorios, en cambio, siguen su propio curso. Hay historias que continúan transformándose independientemente de las fechas, porque necesitan tiempo, experiencia y recorrido para encontrar sentido. Aceptar esa diferencia permite habitar diciembre con menos autoexigencia y mayor cuidado hacia la propia experiencia.
Queremos agradecer a todas las personas que, este 2025, participaron de nuestros encuentros, espacios y propuestas. Cada intercambio, cada palabra compartida y cada momento de escucha construida en común forman parte de un proceso colectivo de sostén y elaboración que sigue creciendo.
Deseamos que estas navidades puedan ser un momento de pausa posible.
No como evaluación, sino como espacio habitable dentro de un camino más amplio de adaptación, transformación e integración de la experiencia migrante.
Y que el 2026 nos encuentre creando nuevos espacios para escucharnos, acompañarnos y seguir habilitando lugares donde cada persona pueda habitar, con mayor cuidado, esta nueva versión de sí misma.
